WILFRED Y LA PERDICIÓN

18 11 2008

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Ernesto Rodriguez, además de uno de mis mejores amigos, dibujante de “La Memoria Invisible” y autor de las portadas de “Dionisia Pop!” y “Antifuente”, es un grandísimo escritor-barra-humorista-barra-decodificador surrealista de lo bizarro y lo caótico; por eso, no es raro que acaben de concederle el Premio Nacional de novela corta Jóvenes Escritores.

Según la nota de prensa:

La deliberación fue complicada, pues el nivel en esta ocasión ha sido muy elevado, pero fue finalmente elegida Wilfred y la perdición, “por su humor, protagonista excepcional que se retrata en casi todas sus páginas con un desparpajo desopilante”, en palabras del propio jurado tras su decisión, compuesto por Antonio Hernández, Juan Garrido, Eugenia Rico, María Antonia Velasco, Javier Moreno (en representación de CCM), Andrés Sorel y Miguel Ángel de la Torre. Ese humor, “no excluye la afilada construcción de los protagonistas”, como consideraron los miembros del jurado, “ni oculta el buen trazo del autor al dibujar un ambiente cuyo paisaje más deslumbrante es el surrealismo vecino de la ironía y el sarcasmo o la crítica corrosiva a una sociedad tan necesitada de esos latigazos”. Esas cualidades fueron las que finalmente dieron la victoria a esta joven e ingeniosa novela.

Podéis leer el resto de la noticia aquí, o aquí.

Y sí, deberíais tenerme envidia por ser uno de los pocos que han seguido todo el proceso de creación del libro, desde el gérmen de la primera idea hasta ahora, pasando por dos borradores intermedios, además de que, aunque sólo sea de forma velada, se me mencione en él.

Como solemos decir, Ole Tu Polla, Ernesto. Venceremos.





FEELIN´ RORSCHACH

31 10 2008

Hay días en los que todo cuadra. Te levantas de la cama, aunque eso es lo último que desearías hacer, y vuelves a la vida como habiendo escapado por los pelos de una telaraña movediza; sales de la oscuridad de esos sueños terribles que estás teniendo últimamente, una oscuridad uniforme moteada por puntitos rojo brillante que sabes son los ojos de las arañas feroces que te esperan de vuelta a la noche siguiente, para toparte de morros con una realidad en la que, si bien por consenso se ha llegado a la conclusión de que los octopodos de pesadilla y las prisiones de seda no existen, tampoco es que luzca demasiado bien. Te obligas a no dedicarle un solo segundo a la imagen mental del mundo como una gran máquina a la que han extraído quirúrgicamente la magia que lo definía. Incluso de madrugada, sigues definiéndote en un rincón del subconsciente como un escritor de ciencia-ficción de cuarta categoría y con demasiadas pretensiones. Tomas café, enciendes un cigarrillo, humo reseco espolea la conexión entre ayer y hoy, toses con la primera calada, sales al balcón, un frío de cojones que no es del todo culpa de esa ola polar que venden en el teledario, escupes una flema a la calle y te oyes a tí mismo recintando:

Las calles son arroyos y los arroyos están llenos de sangre… Y cuando los desagües se atasquen, todos los gusanos se ahogarán. Toda la inmundicia de su sexo y violencia les ahogará. Y todos los políticos y prostitutas mirarán hacia arriba y gritarán: “¡sálvanos!”… Y yo miraré hacia abajo y dire: “¡NO!”

Sentirse como Rorschach no es sentirse mejor, pero sí un alivio. A pesar del vientecillo que te cuartea los labios, notas una ligera y cálida vibración ascendiendo desde la suela de las zapatillas. Es el corazón de la ciudad, batiendo despacio y saliendo él mismo también de su civilizada ensoñación. Hora de ponerse en marcha.

Por cierto, la versión on-line de The Guardian publica hoy una preciosa galería sobre los primeros bocetos que Dave Gibbons hizo para Watchmen, lo más parecido a la Biblia para muchos de nosotros.